Pirineo Aragonés · fuego lento · raíz y presencia

🐓 Plato principal

Pollo del Sobrarbe (Pirineo Aragonés) en cazuela de barro al horno de leña

Origen nombrado:

  • Pollo del Sobrarbe (criado en el Pirineo aragonés, alimentación natural, crecimiento lento)
  • Cocinado en cazuela de barro
  • Horno de leña en una casita del Pirineo

Lo que transmite

  • Permanencia
  • Protección
  • Capacidad de sostener
  • Masculino/activo sereno (aunque cocines tú solo, la energía está)

Este plato dice:

“Aquí se puede bajar la guardia. Nada va deprisa.”

Ingredientes (producto de cercanía – Aragón)

  • 1 pollo entero del Sobrarbe
  • Aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón
  • Ajos morados de Las Pedrosas
  • Cebolla dulce de Fuentes de Ebro
  • Patatas de Teruel
  • Tomillo y romero del monte
  • Vino blanco D.O. Somontano
  • Sal gruesa

Preparación (con respeto)

  1. Salpimenta el pollo entero. No lo trocees: la unidad importa.
  2. En la cazuela de barro:
    • Base de cebolla, patata y ajo.
    • Coloca el pollo encima.
  3. Riégalo con aceite del Bajo Aragón y un vaso pequeño de vino del Somontano.
  4. Añade tomillo y romero, sin exceso.
  5. Al horno de leña, fuego medio, 1 h 30 min aprox., regando de vez en cuando.

🔥 No se tapa.
🔥 No se pincha.
🔥 Se acompaña, no se controla.

🍫 Postre

Mousse templada de chocolate con huevo de Gallina del Sobrarbe

Gallina autóctona nombrada:

  • Gallina del Sobrarbe (raza tradicional del Pirineo aragonés, recuperación y crianza local)

Lo que transmite

  • Dulzura sin artificio
  • Vulnerabilidad segura
  • Intimidad

Este postre no seduce de golpe. Se queda.

Ingredientes

  • Chocolate negro artesano
  • 1 huevo de Gallina del Sobrarbe
  • Miel del Pirineo aragonés
  • Nata o yogur de oveja aragonesa

Preparación

  1. Derrite el chocolate lentamente.
  2. Mezcla con la yema, la miel y la nata/yogur.
  3. Incorpora la clara suavemente.
  4. Sirve templado o ligeramente frío.

✨ Sin adornos. El gesto ya es suficiente.

🌌 El mensaje invisible del menú

  • Fuego de leña → transformación real
  • Barro → contención emocional
  • Producto autóctono → identidad clara
  • Tiempo lento → disponibilidad afectiva

Este menú no busca impresionar.
Busca decir sin palabras:

“Yo sé quedarme.
Sé cuidar.
Y no tengo miedo al silencio compartido.”

“Hay personas que no llegan para deslumbrar,
llegan para encender el fuego
y quedarse mientras se hace el pan.”

Cuando el fuego aprende a esperar
La casa estaba quieta, como si supiera que ese día no había prisa.
Fuera, el Pirineo respiraba despacio y la leña crujía con un sonido antiguo, de esos que no piden atención pero la sostienen.
El pollo del Sobrarbe descansaba entero en la cazuela de barro, sin disfraces. La cebolla de Fuentes, las patatas de Teruel y los ajos del monte lo rodeaban como una promesa sencilla: aquí nadie va a ser forzado a cambiar. El aceite del Bajo Aragón caía lento, con la seguridad de quien sabe de dónde viene. El vino del Somontano, al tocar el barro caliente, soltó un suspiro breve, casi imperceptible, como cuando alguien decide confiar.
El horno de leña no obedecía relojes. El fuego no tenía prisa por demostrar nada. Ardía y esperaba. Cada cierto tiempo, alguien se acercaba solo para mirar, no para intervenir. Porque hay momentos en los que cuidar es no tocar.
Mientras tanto, en la cocina aún tibia, el chocolate se derretía despacio. La yema del huevo de gallina del Sobrarbe se mezclaba sin resistencia, y la clara, montada a mano, entraba suave, como quien no quiere romper el clima. No había adornos, ni exceso. Solo lo justo para que el postre no interrumpiera lo que ya estaba ocurriendo.
Cuando el pollo salió del horno, el silencio fue natural. Nadie habló porque no hacía falta. El barro había hecho su trabajo: contener. El fuego el suyo: transformar. La mesa recibió el plato como se recibe algo verdadero, sin necesidad de aprobación.
La mousse llegó después, templada, discreta. No buscaba cerrar nada, solo acompañar el final. Y en ese gesto sencillo, casi invisible, se entendió todo: hay fuegos que no queman, hay comidas que no alimentan el cuerpo sino la confianza, y hay personas que no vienen a impresionar, sino a quedarse.
Aquella noche, sin decirlo, el fuego había aprendido a esperar.

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